#SchoolsForRefugees

QUIÉNES SOMOS Y QUÉ HACEMOS

Somos una organización de voluntarios dedicados a gestionar y apoyar proyectos de desarrollo social, esencialmente con refugiados, desplazados y grupos sociales desfavorecidos. En especial, trabajamos las áreas de educación y reconstrucción social.

Durante el curso pasado, hemos estado gestionando talleres y actividades educativas para menores acogidos en el campo de refugiados de Lagadikia (Salónica, Grecia). El objetivo era devolverles las habilidades necesarias para reintegrarse en la escuela a principios del próximo curso después de un tiempo sin escolarizar debido a la guerra y a su situación como refugiados.

También realizamos actividades de desarrollo comunitario, promocionando la creación de grupos de personas refugiadas que gestionan por sí mismas actividades para la comunidad del campo. Hemos promocionado y apoyamos un periódico, un grupo de teatro, la guardería del campo y un grupo de mujeres.

A partir de julio de 2017 queremos iniciar un nuevo proyecto: poner en marcha un centro comunitario para los refugiados que viven en la ciudad de Salónica. La idea es financiar y preparar un espacio en el que podamos organizar actividades educativas para menores, pero que esté también a disposición de toda la comunidad de refugiados para que lo usen como lugar de encuentro y para montar sus propias actividades.

El programa ha sido diseñado con el respaldo de profesionales de la pedagogía y la psicología. Se centra en reforzar las capacidades de aprendizaje entre los niños y las de autoorganización social entre los adultos. Se lleva a cabo gracias al trabajo de personas voluntarias.

LA SITUACIÓN DE LOS REFUGIADOS

Desde febrero de 2016 miles de personas refugiadas procedentes fundamentalmente de Siria y Afganistán que llegaron de paso hacia Europa central, se han visto bloqueadas en territorio griego.

Desde entonces permanece cerrada la frontera con Macedonia. Las personas refugiadas continúan llegando aunque de manera más reducida, sobre todo a través de las islas griegas. En todo caso ya son más de 62.000 las que se han quedado en este país.

Al inicio, se les alojó en algunos centros provisionales y ellos mismos levantaron campos improvisados en la frontera de Idomeni y en el puerto del Pireo. Sin embargo, posteriormente el gobierno griego realizó un esfuerzo por construir nuevos centros y campos donde estas personas vivieron durante meses. Es difícil predecir cuánto se prolongará su estancia en Grecia, pero parece que permanecerán en este país durante meses o tal vez años.

Desde finales de 2016 las agencias humaniatarias y el gobierno griego están cerrando los campos y las familias refugiadas están yendo a vivir en viviendas individuales en las grandes ciudades.

Más de un tercio de los refugiados son menores de edad, esencialmente niños pequeños que escaparon con el resto con de sus familias en busca de una vida mejor. Pasan el día deambulando y jugando por los centros y campos de refugiados, lejos de cualquier control paterno y, por supuesto, sin poder ir hasta el momento a la escuela.

De acuerdo con la normativa internacional y europea, los menores refugiados tienen derecho a recibir una educación adecuada en escuelas apropiadas. Las autoridades griegas están intentando dar satisfacción a este derecho y los menores refugiados acuden a escuelas griegas donde, sin embargo, no reciben aún una educación reglada completa equivalente a la de su país de origen.

 

La realidad de ser una persona refugiada tiene un fuerte impacto en las habilidades sociales de los niños y niñas. Durante meses no han asistido a la escuela, perdiendo tiempo de escolarización. Huyeron de sus ciudades y pueblos de origen; tuvieron que seguir a sus familias en un duro y peligroso viaje, para llegar a campos donde pasan la mayor parte del tiempo jugando y deambulando al margen de cualquier autoridad. Estas condiciones han socavado, sin duda, su capacidad de aprendizaje. Estos niños y niñas se han encontrado bruscamente con dificultades para mantener la atención, trabajar adecuadamente y a menudo, incluso para permanecer sentados un determinado periodo de tiempo en una habitación, como lo es un aula.

A menudo, algunos voluntarios y actores humanitarios empeoran inadvertidamente estos problemas: abusan de la distribución arbitraria de juguetes; organizan actividades como dibujar o pintar sin objetivos claros ni perspectiva educativa; promueven juegos y espectáculos desorganizados que asientan los malos usos enter los niños. El resultado es que se incrementa la dependencia de los menores y se reduce su capacidad de trabajo en grupo y concentración.

 

En esta situación, los menores refugiados necesitan apoyo adicional. A mediados de este curso empezaron a estar escolarizados en escuelas gi¡riegas, tal y como establece la normativa internacional y europea. Eso ha mejorado sus actitudes, pero no ha podido acabar con el trauma de su origen. Al mismo tiempo la mudanza a ciudades ha empeorado sus habilidades para apoyarse mutuamente, trabajar en grupo y actuar cooperativamente. La necesidad de actividades educativas se incrementa este verano de 2017.